domingo, 15 de agosto de 2010

El poder del perro

“El poder del perro” es una gran novela. Dura, sin concesiones, aunque probablemente una vez más la realidad supere la ficción. Sobre la base de un trabajo de documentación de seis años, Don Winslow realiza lo que en la introducción se denomina “la Gran Novela Americana del Narcotráfico”. La trama nos lleva a recorrer el período transcurrido entre 1997 y 2004. En él vamos viendo las luchas internas entre las bandas del “narcomex”; la conexión entre el tráfico de drogas y la corrupción política en México y en EEUU; las relaciones entre la lucha anticomunista promovida por el gobierno de Reagan, primero, y Bush, después, y la denominada lucha antidroga,…

Rodrigo Fresán afirma en su prólogo "si el diez por ciento de El poder del perro fuera verdad, sería algo horripilante. Que el noventa por ciento pueda ser cierto resulta casi insoportable".

Winslow escribe de manera directa y cortante, en un estilo que me recuerda al primer James Ellroy. Sus personajes se mueven en la ambigüedad moral que lleva a que los buenos generen maldades atroces. Y nos lleva por ese laberinto de personajes y situaciones con un ritmo trepidante y una intriga bien construida. Una novela que merece la pena leer tanto como obra literaria que como aproximación socio política al mundo del tráfico de drogas en Latinoamérica.

Junto a los protagonistas de la obra nos encontraremos con la fraudulenta derrota de la izquierda en México, el asesinato del candidato a la presidencia de ese país, las FARC, China y, cómo no, la CIA, la DEA junto a otros organismos de la política antidrogas de los EEUU.

Esta es la opinión de uno de los protagonistas sobre la Guerra contra las Drogas:
“He combatido en ella toda mi puta vida, ¿y para qué?.
¿Miles de millones de dólares para intentar, sin éxito, alejar las drogas de la frontera más porosa del mundo? ¿Una décima parte del presupuesto antidrogas destinado a educación y tratamiento, nueve décimas partes de esos miles de millones a su erradicación? No hay dinero suficiente para ahondar en las raíces del problema de la droga. Más los miles de millones gastados en mantener encarcelados a los traficantes, con celdas tan masificadas que hay que adelantar la liberación de los asesinos. Sin olvidar que dos tercios de los delitos “no relacionados con las drogas” de Estados Unidos son cometidos por gente colocada con droga o alcohol. Y nuestras soluciones son las mismas no-soluciones inútiles de siempre: construir más cárceles, contratar más policías, gastar más y más miles de millones de dólares en no curar los síntomas, al tiempo que hacemos caso omiso de la enfermedad. (…). Estamos gastando casi dos mil millones de dólares envenenando cosechas de cocaína y, de paso, a los niños de aquí, mientras que en casa no haydinero para ayudar a alguien que quiere dejar las drogas. Es una locura.
Art es incapaz de decidir si la Guerra contra las Drogas es una idiotez obscena o una obscenidad idiota. En cualquier caso, es una  farsa trágica y sangrienta.” (pags. 654 y 655).
Contundente.