
Resuelta con humor en ocasiones y con una gran capacidad de meternos en el mundo que van construyendo Leo y Emmi, es una novela que se lee con gusto. Un viaje en tren desde Tarragona me permitió leerla casi sin descanso. Engancha en seguida, por lo menos a mí así me ocurrió.
La novela comienza con un correo que Emmi envía a una dirección equivocada. Desea darse de baja de una revista a la que está suscrita pero quién recibe su mensaje es Leo. A partir de ahí van cruzándose los mensajes y va construyéndose una relación en la que el mundo que han creado parece alcanzar más fuerza que el mundo en el que realmente viven. Sin embargo, esos correos se convierten en su vía de escape, en un lugar especial al que van entregándose cada vez con más pasión.
En fin, una novela que me ha parecido bonita y recomendable.
En la vida diaria ¿hay lugar más seguro para los deseos secretos que el mundo virtual? Leo Leike recibe mensajes por error de una desconocida llamada Emmi. Como es educado, le contesta y como él la atrae, ella escribe de nuevo. Así, poco a poco, se entabla un diálogo en el que no hay marcha atrás. Parece solo una cuestión de tiempo que se conozcan en persona, pero la idea los altera tan profundamente que prefieren posponer el encuentro. ¿Sobrevivirían las emociones enviadas, recibidas y guardadas un encuentro «real»?
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