lunes, 16 de febrero de 2015

La gestión orientada a resultados en la administración pública

Son cada vez menos (aunque haberlas haylas)  las administraciones públicas que no tienen definidos unos objetivos para su gestión, incluso un plan de legislatura o mandato. Sin embargo, la poesía vence a la concreción. La inmensa mayoría de los objetivos son genéricos y declarativos. Expresan deseos más que un horizonte concreto en el que quede claramente indicado cuándo el objetivo estará cumplido.

Sin duda es ya un avance significativo en relación a no muchos años atrás, cuando lo más que se podía encontrar en muchos Ayuntamientos, Diputaciones o Gobiernos era el programa electoral del partido gobernante. Y si preguntabas por cuales eran los objetivos del año o si había un plan de gestión te soltaban sobre la mesa los cientos de páginas del presupuesto.

Tomo al azar algunos objetivos actuales de varias instituciones públicas con experiencia gestora:
- Acelerar la recuperación económica para generar empleo.
- Fomentar el comercio como eje de desarrollo económico y de generación de empleo.
- Potenciar medidas para la integración social de las personas emigrantes.
- Mantener cauces de información a la ciudad sobre los programs y servicios dirigidos a...
- Favorecer o apoyar la conciliación de la vida laboral y familiar.

A partir de cada uno de estos objetivos se desgranan las acciones que está previsto realizar para llevarlos a cabo. Incluso podemos encontrar informes de evaluación del grado de avance del Plan que nos informan sobre si las acciones previstas se han realizado o no. Sin embargo, pocas respuestas a la pregunta clave ¿y todo el trabajo realizado, todas las acciones llevadas a cabo qué resultado han producido? Cuando el objetivo se formula con palabras como "acelerar", "fomentar", "potenciar", "mantener", "favorecer", "promover", no es posible saber si podemos descorchar el cava para brindar por el éxito. Según cómo veamos la botella, cualquier cosa hecha será suficiente o nunca será suficiente lo que hagamos.

Elaborar planes es una asignatura superada en la administración pública. Es más, la elaboración de planes se ha convertido casi en un sarampión, los hay para todo. Los retos hoy son otros. Es necesario establecer objetivos de resultados con indicadores asociados y realizar reuniones periódicas de seguimiento y rendición de cuentas de la evolución de esos indicadores por parte de las unidades responsables.

Los objetivos genéricos e inespecíficos ayudan a ordenar proyectos y acciones, estructurándolos en torno a esos grandes enunciados. Incluso dan una falsa impresión de orientación compartida para toda la organización, cuando en realidad vienen a ser la adición de lo que cada uno hace en su Departamento. Pero no sirven para una gestión orientada a los resultados.

Nadie dijo fácil. Las administraciones públicas actúan en infinitud de ámbitos y en muchos de ellos no es sencillo establecer objetivos que cumplan los criterios básicos de un buen objetivo (medible, específico, temporalizado, significativo, alineado,...). Además, la cultura política imperante hace ver con sumo temor el hacer explícitos objetivos que si no se alcanzan pueden ser argumento para la crítica desde la oposición. Pero si fuera fácil ya estaría hecho. Hoy que la innovación ocupa un lugar destacado en la agenda de muchas administraciones públicas, innovar en la gestión para centrarla más claramente en los resultados que la ciudadanía espera de ellas se me antoja un bonito reto para los próximos años.

2 comentarios:

Pepa Hidalgo Moratal dijo...

No puedo estar más de acuerdo con todo lo expresado en este post: “La poesía vence a la concreción” …” confusión entre ejecución de actuaciones programadas y consecución de resultados”, ”necesidad de establecer objetivos de resultados con indicadores asociados y de hacer seguimiento con rendición de cuentas”, “temor a hacer explícitos objetivos que si no se alcanzan pueden ser argumento para la crítica desde la oposición”…
Sin embargo, esa definición de objetivos genéricos e inespecíficos, en ocasiones, me resulta peligrosa. Es cierto, “pueden” ayudar a ordenar proyectos y acciones, pero me parece que tan sólo en el mejor de los casos… Veo un grave riesgo en esa “falsa impresión de orientación compartida para toda la organización”, sobre todo cuando esta falsa impresión no se trata tan solo de la “adición de lo que cada uno hace en su Departamento”, como comentas, sino que se convierte ¡¡en una resta!!!, derivada del fomento de los “Reinos de Taifas” imperantes en nuestras organizaciones.
Efectivamente… “buen reto para los próximos años”. Aprovechemos la necesaria transparencia en nuestras organizaciones para fomentar la orientación a resultados y consiguiente rendición de cuentas a la ciudadanía!! ¿Buen año para establecer estas bases en nuestras organizaciones e iniciar los nuevos mandatos con esta filosofía??? Ojalá…

Enrique Sacanell dijo...

Gracias Pepa por tu atinado comentario. Especialmente por el subrayado en los riesgos que también lleva implícita la definición de objetivos y, en general, la gestión orientada a resultados. Creo que es necesario ser siempre muy conscientes de "la cara oscura" que tiene cualquier forma de hacer, para así poder contrarrestar sus efectos perversos.
Y me sumo con intensidad a tú "ojalá".
Un abrazo