jueves, 19 de agosto de 2010

La eficiencia puesta al servicio del genocidio


Este año he pasado mis vacaciones en Polonia. Siguiendo con mi hábito de intercambiar mi casa por la de otra familia que esté interesada en conocer el País Vasco, este año el acuerdo lo hemos realizado con una familia que vive a unos 30 kilómetros de Cracovia. El sur de Polonía se parece en lo verde a Euskadi, aunque su geografía es menos montañosa. Subiendo hacia Varsovia las llanuras se convierten el protagonistas. En general llama la atención la gran dispersión de la población. Una gran parte del país está salpicada por casas de campo.

Cracovia y Varsovia son dos preciosas ciudades. Cerca de la primera, en la localidad de Oswiecim, se encuentra uno de los campos de concentración más sanguinarios del nazismo: Auschwitz. Fuimos a visitarlo y se encoje el corazón al ver de lo que es capaz el ser humano cuando sale la bestia que llevamos dentro. Toda la capacidad de organizar, de crear, de trabajar con eficiencia se pusieron aquí al servicio del exterminio de cientos de miles de personas. Judios, gitanos, presos políticos, combatientes soviéticos, homosexuales,….

En realidad el complejo de Auschwitz lo forman dos campos, el primero se creó utilizando unos edificios e instalaciones del ejército polaco. Aquí ahora está ubicado el museo del campo, en el que podemos ver la huella del horror que aquí se vivió. Desde los restos de las maletas y utensilios personales de quienes eran traídos al campo pensando que les trasladaban de vivienda, hasta toneladas de pelo humano, en concreto de mujeres asesinadas en este horror ya que a los hombres no les rapaban una vez muertos.

En el campo se quedaban unos pocos, se calcula que aproximadamente un 25% de los que llegaban. El resto iba directamente a las cámaras de gas. Las fotos de algunos de los que fueron fichados nos muestran unas miradas que nos transportan al dolor más profundo del alma humana. La fecha de entrada y la de “salida” son espeluznantes, muy pocos duraron más de cuatro meses. Quizás los más desafortunados.

Cerca, los prisioneros de este campo construyeron un nuevo campo, Auschwitz II Birkenau. Si en el primero llegaron a hacinarse 20.000 personas, en el nuevo fueron cerca de 100.000 los prisioneros que compartieron simultáneamente esta terrible experiencia. En este nuevo campo, las vías del tren se internaban en él para dejar a las nuevas remesas de prisioneros más cerca de las cámaras de gas.

Me viene a la cabeza Hector Frankl, el autor de “El hombre en busca de sentido”, obra en la que narra su experiencia en otro campo de exterminio nazi y reflexiona sobre las diferentes maneras de responder a una situación de esas características. La verdadera, la última libertad del ser humano, nos dice, es la de poder elegir la forma de responder a lo que nos ocurre. Qué terribles se me antojan estas palabras cuando te acercas mínimamente a lo que esas personas tuvieron que afrontar en lugares como Auschwitz.

3 comentarios:

Javier Bárez dijo...

Querido Enrique
Durante diez días de este mes (Agosto) he recorrido Austria. Un precioso país en el que la naturaleza se muestra salvaje, generosa y exhuberante, sobre todo en el montañoso Tirol.
En cuanto a sus habitantes, estoy de acuerdo contigo en las apreciaciones que haces en http://enriquesacanell.blogspot.com/2008/09/otro-mundo-es-posible-si-lo-miramos-de.html sobre las ideas preconcebidas. Sin embargo, en nuestro caso, hemos experimentado y percibido su frialdad y seriedad. Aunque evidentemente no se puede generalizar, hemos encontrado algunas (pocas) personas amables y simpáticas.
Los austriacos sienten pasión por el deporte y la vida sana desde pequeños, aman y respetan profundamente a la naturaleza. Cuidan con esmero su patrimonio.
Y desde luego cuentan con un acentuado sentido de negocio, hay que pagar por todo. Y diré que también hemos padecido situaciones de marcada ineficacia y de falta de consideración por el “cliente”. Aún y todo hemos vuelto satisfechos y habiendo disfrutado.
Pero no es de esto de lo que quería comentar, sino de las referencias al sádico, sanguinario y cruel genocidio y exterminio nazi.
Porque hemos visitado el campo de Mauthausen, muy unido al de Auschwitz porque desde aquí trasladaban a muchos presos hasta los campos de “trabajo esclavo” ubicados en Austria.
Al recorrer un lugar como estos, uno se queda sin palabras, yo trataba de imaginar, de visualizar cómo podría haber sido todo aquello, pero es muy difícil, y más con tantos turistas y el aspecto (muy aséptico) de lo que vimos. El museo y parte del campo permanecen cerrados por obras de reforma.
Mauthausen se utilizaba como campo de exterminio a base de una salvaje y esclava explotación de la fuerza de trabajo de los prisioneros. El propio campo fue construido por ellos. Son famosas sus “escaleras de la muerte” por donde debían arrastrar pesadas cargas de piedra que extraían de “la cantera”(Wiener Graben), en muchos casos la vida de aquellas desdichadas personas dependía del humor o las ganas de diversión de los guardias de la SS, en cualquier momento podían empujarlos a patadas para ver cómo rodaban por las escaleras; y el “muro de los paracaidistas” por donde arrojaban a los prisioneros.
Este campo disponía de “rincón del tiro en la nuca”, de hornos crematorios, de duchas en donde se les gaseaba, de “baños de la muerte”, de inyecciones letales, de….toda una organizada estructura de muerte por asesinato impune.
Pero este campo, además tiene la particularidad que estaba unido a ¡46 subcampos! repartidos por territorio austriaco. Se estima que el suelo de esta red de campos está empapado de la sangre de más 105.000 personas que fueron asesinadas sin ningún escrúpulo ni miramiento. Mauthausen-Gusen es sinónimo de muerte.
Y lo que yo me planteo, es cómo un ser humano puede ser capaz de esto, y lo que más me intranquiliza es tener la percepción de que todo aquello podría volver a repetirse, porque cómo, aún hoy, puede haber personas que defiendan todo aquello y lo añoren?....

Jesús García dijo...

Un interesante ensayo que reflexiona sobre este periodo de la historia e invita a mirarnos y descubrirnos ahora es "Modernidad y Holocausto", de Zygmunt Bauman (1989).

Enrique Sacanell dijo...

Muchas gracias por la referencia.
Un abrazo