
Siempre que comento esta forma de disfrutar de las vacaciones, en la que el coste del alojamiento es cero, despierta interés. Sin embargo, enseguida la conversación deriva hacia el miedo a lo que le pueda pasar a tu casa. ¿Y si te rompen algo? ¿Y si se llevan algo? .... Es curioso ver cómo en Portugal, Italia y España lo que más abunda en el intercambio son las segundas viviendas, mientras que en el centro y el norte de Europa, en Estados Unidos, Canadá,.... lo que se cambia es la vivienda principal. ¿Culturas menos desconfiadas? Porque al final lo que hay detrás de esta iniciativa es la confianza. Casi podría decir la confianza en el género humano. Claro que hay riesgo, en todo lo hay. También hay riesgos en dejar la casa cerrada, a la vista de todo el mundo, como un reclamo que dice "no estoy, ¡róbame!". Sin embargo, parece que hay un temor más profundo a dejar que otros entren en el último reducto de intimidad que uno tiene.

Ya que este es un blog con una orientación profesional voy a servirme de estas reflexiones veraniegas para utilizarlas como metáfora para la vida de las organizaciones. Nos cuesta compartir nuestra casa ¿y nuestra oficina? ¿tendríamos problema en intercambiar con otros o es mía y sólo mía? ¿Y si intercambiamos nuestros puntos de vista? La vida, la realidad, cada uno la miramos desde nuestra singular atalaya. Intercambiar ese lugar con otros nos abriría perspectivas y posibilidades que ahora ni nos imaginamos.
2 comentarios:
Que sepas que me has convencido!
Espero que disfrutes tanto como yo. Si necesitas cualquier otra aclaración sobre este sistema de vacaciones no dudes en escribirme a mi dirección de correo.
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