miércoles, 6 de mayo de 2009

Los vascos invisibles


Hoy voy a salirme de la línea habitual de este blog, pero es que ayer me emocioné. Cuando se siente tan cerca la historia y cuando esa historia es compartida con otros muchos hombres y mujeres se produce una energía especial. Este sentimiento lo vivieron ayer quienes veían marcharse a una persona que ha sido referente para el nacionalismo democrático de los últimos años. Pero, en mi caso, lo producía el ver que un candidato socialista de un partido que no se sitúa en ese ámbito político accedía a la Lehendakaritza, a la presidencia del Gobierno Vasco.

En el país vasco es fácil identificar a quienes se sienten nacionalistas vascos. Se sienten orgullosos de ello, se sienten acompañados desde múltiples instituciones y no se sienten amenazados. Pueden hacer ostentación de sus ideas, pueden poner carteles en sus balcones, incluso con eslóganes del nacionalismo más radical que apoya la actividad terrorista. Sin embargo, los otros vascos, los que no se identifican con ese ideario aprenden, aprendemos muy pronto que hay cosas que son políticamente incorrectas. Más aún, que son socialmente incorrectas. Más todavía, que son peligrosas para nuestra integridad y la de nuestros bienes.

Los otros vascos han sido invisibles. Tan solo algunos valientes (alguien diría que sólo hacen lo que hay que hacer) dan el paso de expresar sus ideas, sus convicciones. Algunos mueren por ello, otros viven escoltados, encerrados en su particular Guantánamo. Pero hoy, a un día de la elección de un Lehendakari socialista los vascos invisibles empiezan a salir a la luz. Empezamos a conocer la relación de personas que van a contribuir a este nuevo gobierno y reconocemos a algunos amigos. Y, en algunos casos, nos sorprendemos ¡¡pensaba que era nacionalista!! Y los vascos invisibles empiezan a tomar color y a poblar nuestra realidad. Siempre han estado ahí, hemos estado ahí pero sólo ahora siento que empezamos a hacernos visibles.

Se repite una y otra vez que la “mayoría social” es abertzale. Sin duda que si uno pasea por las calles de Euskadi puede sacar esa conclusión pero, por suerte, una sociedad democrática tiene otros mecanismos para organizar la convivencia y estructurar las mayorías.

Tengo muchos amigos nacionalistas vascos que son personas valiosas, humanamente entrañables, con profundas convicciones democráticas y que deploran el terrorismo. He trabajado muchos años como empleado público al servicio de gobiernos nacionalistas y siempre me han tratado con respeto y consideración, dándome espacio para mi desarrollo profesional. Son parte de la riqueza de este país. Sólo deseo que otra parte de esa riqueza pueda, por fin, vivir sus convicciones con plena libertad. Sólo deseo que por fin todos los vascos se hagan visibles y puedan aportar su particular colorido a esta sociedad, sin que el rojo de la sangre tiña de tristeza nuestra convivencia.

5 comentarios:

Iñaki Ortiz dijo...

Ojalá que pronto vivamos en una Euskadi donde todos podamos ser visibles, y en la que la diversidad se valore como una riqueza y no como un problema. Yo deseo una Euskadi en la que se respeten todas las ideas y todas las personas. Y, por supuesto, la prioridad debe ser desterrar de una vez por todas el uso de la violencia. Espero que tus expectativas se vean cumplidas, por el bien de todos.

Anónimo dijo...

Bravo, muy bien dicho.

Anónimo dijo...

No olvidéis que ese lehendakari es lehendakari por hacer "invisibles" al 12% del electorado vasco. Creo que este país no conocerá la paz hasta que todas las personas utilicen todas las habilidades sociales para el diálogo y la negociación. En ese camino nos encontraremos todos. Un saludo afectuoso.

Enrique Sacanell dijo...

Tienes toda la razón, "este país sólo conocerá la paz cuando todas las personas utilicen todas las habilidades sociales para el dialogo y la negociación". Con otras palabras cuando se renuncie a la "lucha armada" como medio para lograr fines políticos.
Respecto a que el lehendakari lo es porque no se hizo "visible" el 12% del electorado, alguna matización. Primero, no fué ese el porcentaje de votos que siguieron la consigna de voto nulo. Segundo húbo candidaturas manifiestamente independentistas a las que pudo votar ese electorado y no lo hizo. Incluso podo votar a Ibarretxe para evitar que hubiera un lehendakari no nacionalista, si no lo hizo debe asumir las consecuencias de esa decisión. Tercero, si prefirieron seguir la consigna de una organización que no condena la lucha armada no debería estrañarles que si no aceptan unas reglas del juego (no matar al adversario) tampoco se les permita jugar la partida. Cuarto, Herri Batusana o sus variadas marcas electorales en ningún momento dijo que su candidato fuera Ibarretxe.
Como tú, espero que pronto podamos encontrarnos todos en un camino en el que sólo los votos decidan.
Un abrazo

Dédalus dijo...

¡Cómo me ha agradado leer un texto como este que, por cierto, te hace tan visible!
Comparto con agrado tu reflexión y no sólo porque la puedo hacer también mía, sino, sobre todo, porque creo que nos merecemos ya vivir en un País donde cualquiera pueda mostrarse tal cual es, decir lo que siente y piensa y no sentir atenazado su empuje por el peso del qué dirán y, muchísimo menos, por los silbidos de las balas.

Un abrazo, Enrique.

P.S. Me ha gustado escucharte esta mañana, a vueltas con la gestión de los procesos. Ahora sí, probablemente ya me reconoces...