
Silencio y lentitud que chocan estrepitosamente con nuestra vida diaria. Toses espasmódicas mostraban continuadamente la dificultad de quienes nos movemos en la cultura occidental para soportar el silencio. Enfrentados tan sólo al disfrute de unas imágenes nos resulta difícil conectarnos. La estética del vídeo clip nos ha inoculado una necesidad de velocidad que se hace añicos sentado en una butaca viendo este espectáculo.

Viendo moverse a los bailarines con esa lentitud ritual pude acercarme a entender el valor que puede tener disfrutar de cada instante, de cada paso, como si fuera lo último que vas a hacer en la vida.
Hace un par de semanas, impartiendo un curso para directivos de una importante entidad bancaria española, uno de los asistentes, responsable de formación en México, explicaba como los españoles cuando llamamos por teléfono vamos directamente al grano, algo inusual en ese país, dónde lo habitual es comenzar interesándose por la otra persona, su familia, cómo le ha ido los últimos días,....
Desde luego que desde una determinada perspectiva esa forma de actuar es mucho más lenta, requiere de más tiempo para cubrir el objetivo de la conversación. Sin embargo, es mucho más rica en cuanto al establecimiento de redes de relación y, especialmente, en dar valor a la persona con la que hablamos. Ahora que tanto decimos que las personas son lo más importante quizás debiéramos reflexionar que implica esa frase en nuestra forma habitual de desenvolvernos. Si son lo más importante ¿no debiéramos dedicarlas más tiempo aunque seamos más lentos en hacer? Y no olvidemos que todas las investigaciones nos indican que cuanto mayor es la preocupación sincera por las personas mejores acaban siendo los resultados. Vamos que más lentos, en este caso, no debe significar menos productivos.
1 comentario:
Es cuestión de cambiar el hábito y acordarnos todos de hacer como los mejicanos. Como cuando te propones hacer régimen ...
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