viernes, 2 de mayo de 2014

La distancia entre saber y hacer: la necesidad de entrenamiento.

Cuenta la leyenda que hace muchos muchos años, hubo una mujer fascinada por la filosofía. Visitó las principales bibliotecas que existían en el mundo conocido y se convirtió en una de las mayores eruditas en la materia.

Su conocimiento filosófico le hizo apreciar la profunda belleza de las matemáticas. De nuevo estudió cuanto se había escrito en torno a las matemáticas y se convirtió en una de las matemáticas más ilustres de su época.

Filosofía y matemáticas la llevaron a interesarse por la historia de la humanidad y del conocimiento que ha ido generando. De esta forma llego a ser también una de las mayores expertas en historia de la ciencia y el conocimiento.

Para asentar los conocimientos que iba adquiriendo le gustaba pasear junto al mar. Una tarde de verano descubrió asombrada a una persona que se deslizaba por el agua con una habilidad hipnotizante. Se quedó fascinada y se dirigió de inmediato a la biblioteca más cercana para buscar cuanto se había estudiado y escrito sobre el hermoso arte de nadar. Al cabo de unos meses ya era una de las personas que más sabía sobre la natación, su fundamento físico, las técnicas más adecuadas,... Poco después murió ahogada al adentrarse en el mar con intención de darse un baño.

Hay temas en los que el saber, entendido como acumulación de conocimiento, es absolutamente insuficiente. O se lleva a la práctica lo aprendido y se entrena o fácilmente se morirá ahogado. Estoy trabajando últimamente temas relacionados con el manejo de conversaciones difíciles, el feedback, la generación de confianza e influencia... Saber lo que hay que hacer o lo que es más efectivo no es suficiente. La formación tal y como se sigue entendiendo mayoritariamente es bastante ineficaz. Se necesita entrenar, practicar.

En los talleres de aprendizaje que desarrollo trato de incorporar dinámicas de entrenamiento y lo primero que surge es la sensación de artificialidad. Hacer algo de una manera diferente a la habitual resulta extraño. Incluso aunque lo entrenemos un rato en un contexto de aprendizaje, en cuanto volvemos a la dinámica diaria volvemos a repetir nuestras pautas habituales de comportamiento. 

Aprender, incorporar nuevos hábitos implica paciencia y constancia. En hacer las cosas como siempre las hemos hecho somos premios Nobel. Para generar cambios profundos y estables funcionan mejor procesos largos en el tiempo que permitan ir repitiendo y ajustando las conductas, que acciones intensivas de corta duración. Menos horas de traslado de conocimiento y bastantes más de acompañamiento en el aprendizaje extendidas en el tiempo. Sin duda implica más inversión pero también un mayor retorno de esa inversión.

2 comentarios:

Germán Gómez dijo...

Interesante cuestión. Teoría y práctica, entrenar y conocer, dos acciones ligadas. El entrenamienteo es necesario, pero partiendo del conocimiento.
Gracias Enrique.

Enrique Sacanell dijo...

En efecto, de nuevo un dilema a superar sustituyendo la "o" por la "y". Hace falta saber y hacer. la sabiduría que no va acompañada de la práctica tiene grandes limitaciones y la práctica sin conocimiento es una osadía con grandes riesgos.