martes, 29 de junio de 2010

Jefes y líderes naturales

En los comentarios a un post anterior, Isabel Sierra planteaba una pregunta que recojo aquí: ¿cómo deben tratar los jefes a los líderes naturales?. Cuando formulamos preguntas frecuentemente se nos cuelan en ellas universos simbólicos, modelos mentales, muy concretos. En ésta partimos de un planteamiento que nos lleva a pensar que un jefe no puede ser líder natural. A continuación nos orienta hacia el hecho, al parecer evidente, de que los jefes han de tratar de manera diferente a los líderes naturales que al resto de las personas de la organización. Por último, casi en lo más profundo de la pregunta encontramos la premisa de que hay jefes. Vamos que la pregunta trae su mochila, su archivo  adjunto.

Por ir desmenuzando el asunto, podríamos partir de que llamamos "jefe" a una persona que tiene una responsabilidad jerárquica formal sobre una o varias personas. Se puede ser jefe sin ser líder natural. Como decía en otro lugar, resulta más difícil ser jefe sin ser líder de algún tipo, aunque sea un pésimo líder. En este uso del concepto líder, subrayo su capacidad de influencia en otros. Si de lo que hablamos es del ejercicio del liderazgo organizativo, entendiendo por tal la capacidad de inspirar a las personas mediante una visión, también es posible ser jefe y liderar, aunque puede no darse esa conexión, tal y como constatamos frecuentemente.

Por otro lado, por líder natural solemos entender a una persona que es reconocida por otros compañeros, de manera no formal, como alguien a quién seguir, alguien cuyo criterio merece ser tenido en cuenta. Cuando la persona que ejerce de jefe lo hace en el sentido más plano del término, es probable que pueda ver a estos líderes naturales como una amenaza. Desde una perspectiva de liderazgo, la tarea de líder-jefe debiera se precisamente la de fortalecer ese liderazgo informal. Claro que para ello las personas que desempeñan esas funciones han de tener un desarrollo personal que les permita vivir esa situación sin amenazas, sin cuestionamiento de su propio papel o autoridad.

Desde mi perspectiva, el mejor liderazgo de una organización sería aquel que fuera desempeñado por líderes naturales, esto es, por personas que son reconocidas por otras y a las que les dan esa capacidad de influir en ellas; por personas capaces de generar la confianza suficiente como para inspirar esa actitud y ese reconocimiento. Pero ¿y si no coinciden? Mi sugerencia es que aprendas de ellos, los apoyes, los ayudes a desarrollarse y los conviertas en los cimientos de tu propio liderazgo. Ahora bien, ese manera de comportarse con los líderes naturales ¿no debiera ser también la que debiera seguirse con cualquier persona? A mi me parece que sí.

4 comentarios:

Javier San José dijo...

Hola Enrique. me parece interesante el tema que planteas. Desde mi punto de vista, está claro: no puede existir el liderazgo sin el reconocimiento del grupo que lideras. Sin dicho reconocimiento, sin la autoridad moral que te concede el grupo, será otra cosa, puede ser efectiva y eficiente, pero, insisto, a mi juicio, no es lo mismo.
Sin reconocimiento no hay liderazgo

Virginia dijo...

Hola, he encontrado este blog casi al mismo tiempo que este vídeo que enlazo. Hallazgo doble. Estáis compartiendo reflexiones que me parecen muy interesantes y me gustaría contribuir con esta charla del director de orquesta israelí Itay Talgam. Quizá ya lo conocéis, pero aun siendo así, se trata de un análisis sobre liderazgo, trabajo en equipo y comunicación que bien merece un repaso.

http://www.ted.com/talks/itay_talgam_lead_like_the_great_conductors.html

(Existe la opción de subtitularlo en “subtitles available in:”).

Espero que os guste.

Itay Talgam-Conferencia dijo...

Os facilito el enlace del vídeo.
Un saludo, Virginia Latiegui.

Enrique Sacanell dijo...

Gracias Virginia, un video hermoso e inspirador.

Javier, tu aportación sugerente como siempre. Mi duda surge de que parece que sólo se es líder cuando el desempeño como tal es adecuado. veo con claridad que el reconocimiento de otros es un claro síntoma de capacidad de influir, de generar visión, de inspirar. Pero, sin el reconocimiento de los otros pienso que también es posible influir, aunque probablemente en un sentido más negativo: desmotivando, generando resentimiento,.... ¿dejamos el concepto de líder para usarlo sólo en su acepción positiva o puede ser más interesante definirlo de manera más neutra y valorar su sentido en función de una serie de características, entre las que el reconocimiento me parece clave?