domingo, 4 de octubre de 2009



La idea de que cada uno enseña lo que tiene que aprender me pareció muy sugerente cuando la escuché por primera vez. Quizás le añadiría un matiz, puedes enseñar cosas que ya no tienes que aprender pero seguro que no lo haces con la pasión y la intensidad que pones cuando el asunto te toca de manera más cercana. Una de las personas que tuvo un papel destacado en mi formación como coach decía que la mejor sesión de coaching es la que se hace desde "las tripas", desde las propias situaciones que el coach siente removidas cuando el coachee le plantea sus dificultades, los nudos que quisiera deshacer.


Todo esto viene a cuanto de que en el anterior post hablaba del desafío de poner límites a los compromisos profesionales que asumo y unos días después mantenía una reunión en un ayuntamiento del País Vasco en el que surgía la dificultad por parte del equipo de Servicios Sociales de poner límites a las peticiones que le hacían de uno y otro lado de la propia institución.


Detrás de ambas situaciones se encuentra la habilidad para decir NO, o la falta de ella para ser más preciso. Los procesos educativos que la mayoría hemos vivido tanto dentro como fuera de la familia se centran en la búsqueda de la aceptación por parte de las figuras de referencia (primero y principales nuestros padres). Para ello generamos una importante destreza en adaptar nuestros deseos a lo que se espera de nosotros. Aprendemos a decir que sí, incluso cuando nos gustaría decir lo contrario, por el miedo a perder el amor de quienes son importantes para nosotros. Esa pauta se incrusta en la infancia más temprana en muchos de nosotros de tal forma que, a pesar del discurrir de los años, a pesar de la acumulación de experiencias vitales, sigue quedando dentro un poso más o menos activo que se retroalimenta con pensamientos que de una u otra forma plantean que "si digo que no pasará algo que no deseo".


¿Y si digo NO? ¿qué pasaría? Uno tiende a imaginarse situaciones más o menos catastróficas que la realidad muestra en la práctica totalidad de los casos como absolutamente alejadas de la realidad. Sin embargo, esos pensamientos nos paralizan. Revisar los miedos que el NO te sugiere, hacerlos conscientes, es el primer paso para deshacerte de ellos o, al menos, aprender a convivir con ellos de una forma que no te limiten, que no generen sufrimiento.

3 comentarios:

Germán dijo...

En la India la gente casi nunca te dicen que no. No les debe gustar. Pero claro, montan unos lios importantes.

gallas dijo...

Me gusta muchisimo la idea. Muy provocadora. Enseñamos lo que necesitamos aprender!! Me encanta. Mil gracias Enrique. Voy a digerirlo. Sobre poner limites... creo que estoy especialmente entrampado en esta historia asi que prefiero quedarme con la primera provocación que se me hace más nueva.

Enrique Sacanell dijo...

Qué tengas una buena digestión :-)