domingo, 25 de enero de 2009

Liderazgo, poder e influencia


La literatura sobre liderazgo parece olvidar, o al menos suele dejar entre paréntesis el poder que ese liderazgo implica. Un poder evidente cuando el liderazgo va unido a puestos con autoridad potencial sobre otros pero también presente cuando es un liderazgo que no se corresponde con la estructura formal de la organización. El concepto de liderazgo, frente al tradicional de jefe, subraya una forma de ejercer la función de dirección basada en la implicación y el convencimiento, más que en el miedo a las decisiones que desde la posición de fuerza que da el poder pudieran tomarse. Prima así la confianza frente al miedo.

Sin embargo, una cosa es eso y otra olvidar que la relación que se produce no es nunca una relación entre iguales. El líder está siempre situado en una posición diferente que la de sus colaboradores (una forma elegante de referirse a las personas que lidera). Ni mejor ni peor, pero sí diferente y una diferencia clave es que, aunque no lo ejerza, el líder dispone de mecanismos clásicos de poder a su alcance. Algunas de las dificultades que surgen en el desarrollo del liderazgo vienen, precisamente, de la confusión entre el ejercicio de la autoridad y el ejercicio del liderazgo. La primera sustentada en el poder, el segundo en la influencia.

Recientemente he leído un libro con el sugerente título “El arte de la influencia”. Su autor es Chris Widener y lo publica la editorial LID. Sinceramente me ha defraudado su contenido. Como he dicho en alguna otra ocasión, esta moda de contar cuatro ideas, pero literalmente cuatro, que podrían servir para un breve artículo de revista, y convertirlas en un libro de 130 páginas mediante una pretendida novela de mala calidad, me parece penosa. Pero ya veis, he vuelto a picar. Las cuatro ideas que nos plantea para aumentar nuestra capacidad de influencia son:

- Lleva una vida íntegra sin condiciones.

- Demuestra una actitud positiva en todo momento.

- Antepón los intereses de los demás a los tuyos.

- No te conformes con nada menos que la perfección.

Claro que si uno se esfuerza siempre es posible sacar aprendizajes interesantes. Extracto seguidamente las ideas que me han parecido más sugerentes:

- “Tienes que convertirte en el tipo de persona a quien los demás quieran seguir (…). No se puede decidir ser líder sino convertirse en la clase de persona a quienes los demás quieren seguir”.
- “Todos tenemos experiencias, buenas y malas, Eso no lo podemos controlar. Lo que sí podemos controlar es cómo respondemos ante lo que nos sucede”.
- “La integridad es la base de todo lo que haces. Sin ella, estás perdido. Sin integridad es imposible confiar y la confianza es siempre imprescindible.”.
- “La regla número uno para llevar una vida influyente: sé consciente en todo momento de ti mismo y de tu integridad, y cuando descubras una grieta o alguien te la indique, asegúrate de ocuparte de ella. No l a pases por alto”.
- “Si quieres tener influencia, necesitas una base ética sobre la que apoyar tu lógica y tu pasión”.
- Las personas que se han planteado las cuestiones fundamentales, han llegado a una respuesta y han creado una paz profunda a su alrededor resultan tienen una gran capacidad de influencia. La profundidad espiritual es esencial para la influencia y el liderazgo.

3 comentarios:

Javier Bárez dijo...

Querido Enrique:
Este es un tema interesante. Y, aunque sea en estos medios, conviene analizarlos porque creo que si queremos una administración diferente, si queremos que haya cambios, algunos de estos conceptos deberán cambiar (no sé si desaparecer).
En el ámbito de la Administración Pública, los conceptos de liderazgo, poder, autoridad, influencia tiene diversos matices por el propio tipo de organización: estratificada, jerarquizada y burocratizada.
Recordando a Max Weber; “la sociedad está estratificada sobre la base de la economía, el estatus y el poder” (subyace el concepto de clase pero no es este su momento).
No debemos olvidarnos del estatus, que está asociado a determinados estilos de vida, que a su vez son proporcionados por la posición de “poder” que se ostenta. Posición de autoridad legal característica de la burocracia. Y para ello una persona no necesita ser buen líder.
El ejercicio de estas posiciones tampoco va siempre unido a las capacidades ni habilidades necesarias para serlo.
Yo creo que la autoridad no se tiene, sino que se confiere por parte de los “colaboradores” en base al respeto, honradez, confianza e influencia del líder.
Se puede tener poder (otorgado por la posición jerárquica) y no ejercer como tal, sino como una persona cercana, accesible que comparte responsabilidades y decisiones, o todo lo contrario. Depende de las competencias, pero también de la personalidad. O condicionada por la presión de un poder superior y actuar con “autoridad” (con el riesgo de mostrar una personalidad autoritaria).
La capacidad influencia se puede mostrar, o no, de varias formas. Hay quien la hace valer en base a su estatus o posición de poder, y hay personas que influyen en los demás sin proponérselo, por sus conocimientos, su saber hacer, su facilidad de palabra (o “labia”), por su comportamiento y actitud hacia los demás, etc. Y habrá quien, sabedor de estas competencias y habilidades, trate de influir en los demás anulando sus propias decisiones.
Desde luego, algunas personas sí deberían cambiar su actitud hacia principios éticos. Otras, quienes ya los tienen y demuestran su integridad diariamente, seguirán desarrollando el “arte de la influencia” siendo buenos líderes.
En todo caso, mientras existan algunas “posiciones de poder” y de autoridad, las relaciones no serán entre iguales, sino que estarán “enriquecidas” por la capacidad de liderazgo, o “pervertidas” por el libre albedrío de la persona que las ocupa. Tanto en un caso como en otro, quedarán legitimadas por quien nombra (o nomina) y por los subordinados.
Podríamos recordar a Weber y superar su teoría de ordenación de la autoridad; racional, legitimada por el orden y derecho de mando; tradicional, siguiendo pautas de tradición, y carismática en la que se sigue al líder carismático con devoción por su carácter excepcional. Todas ellas y algunas otras diferentes e híbridas, persisten en nuestras burocratizadas organizaciones, incluso podríamos ponerles cara.
Siempre nos quedará la fantasía de aprender, de influir por la capacidad de transmitir paz y serenidad y de ocuparse de los demás, tal vez sea ese el momento en el que desaparece “el poder”.
¿Lo descubrimos?.

Kazamba dijo...

Estimado Enrique.

Soy un consultor Salvadoreño, apasionado con el tema de liderazgo y al leer tu comnetario me ha llevado a reflexionar sobre el tema de influencia y poder. También he léido un par de libro al respecto que no me han dado mas que reflexiones para mi propio desarrollo. Eso es ya grande y ganancia.

Al final este dos conceptos tan fundamentales en el arte, técnica y ciencia de dirigir son coincidentes en todos los autores - gurús, al menos los que YO sigo y cito: Peter Drucker, Peter Senge, Ken Blanchard, Daniel Goleman y Jhon Maxwell. Todos afirman que liderazgo es un proceso de influir y al ver a nuestrso lideres, especialmente en la región donde Yo vivo Centroamérica se nota esa variable pero sustentada aun en el temor.

A mi me lleva a reflexionar si el temor es una condición que genera influencia, "CÓMO HACER" ese procesos sin que medie el temor. Creo tener una ecuación sobre esto que lo desarrollo en un seminario taller de 24 horas y te la comparto para obtener tu comentario:

Influir es un proceso que requiere resolver un modelos psicosocial que parte de una ecuación matemática:

Primera parte de la ecuación:

Visión, valores y comunicación. Todos se multiplica.

Empatia y seguridad emocional. estas se suman

Conocimiento que implica al menos tres puntos: del producto, del entorno y de los cliente o colaboradores. Todas se suman

y finalmente la presión del grupo al que se influencia (puedes llamarla Clima organizacional. Esta variable se multiplica.

me gustaría tener ,mayor discusión de este tema y para ello te dejo mi correo electrónico

jaimegar@tutopia.com

Enrique Sacanell dijo...

Desde mi punto de vista para influir es necesario generar confianza. Uno no influye en otros, son los demás los que eligen seguir las sugerencias o los planteamientos de otro. Para ello es necesario generar ese contexto de confianza.
¿Cómo generar confianza? Da para mucho esa pregunta pero valga aquí mencionar que implica un mensaje sincero de interés por el otro. Sin preocuparnos por el otro, sin entenderlo, sin escucharlos será muy dificil que podamos generar algún tipo de influencia en él.