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martes, 28 de febrero de 2017

Herramientas para aflorar el conocimiento implícito

Tenemos mucha más información de la que somos conscientes. Un experimento clásico abordaba a las personas que salían de un teatro y les preguntaba cuantas lámparas había dentro ¿quién iba a contar las lamparas cuando iba a ver una obra de teatro? Las respuestas mostraban una enorme dispersión y se alejaban de la cifra real de una manera muy significativa. A continuación le proponían a la persona que había respondido someterse a una sesión de hipnosis. En la misma, se le inducía a un estado de relajación y en él se le llevaba a revivir su presencia en el teatro y revisar lo que había visto en él. En esa situación, las personas daban una cifra muy cercana a la real. En otras palabras, en su cerebro sí estaba la información del número de lamparas sin embargo ese era un conocimiento implícito al que no se accedía de manera consciente.

Esta realidad es conocida, por ejemplo, por investigadores policiales que someten a hipnosis a testigos para que puedan recordar mejor lo que vieron. En los términos que estoy utilizando, para que accedan al conocimiento implícito que tienen y del que no son conscientes. Algunas herramientas sistémicas, como las denominadas constelaciones organizacionales, producen un efecto similar, con la particularidad de que el conocimiento al que se accede se relaciona directamente con las relaciones que establecemos con otros elementos de alguno de los sistemas en que interactuamos.

No hay magia, no hay exoterismo. Simplemente una metodología para favorecer el acceso a lo que las personas o los equipos conocen de manera implícita pero sus procesos mentales estandarizados no llegan a hacer consciente. Tendemos a movernos por los terrenos de los argumentos conocidos y coherentes con nuestros prejuicios. Cuando exploramos los mapas mentales que tenemos en la cabeza, en relación con un determinado problema, y nos ponemos a darle una presencia espacial, generando un mapa que representa el problema y los elementos que lo componen, afloran líneas de reflexión y de acción que hasta ese momento habían quedado ocultas a nuestra consciencia. Es como cuando hemos estado buscando dónde está el interruptor de algún electrodoméstico y cuando pensamos que ha debido haber un error de fabricación y éste no existe, alguien nos señala con el dedo su ubicación y nos parece tan obvio que hasta nos da vergüenza no haberlo visto antes.

Recientemente trabajaba con una entidad que atiende a menores acogidos en residencias. Querían reflexionar sobre el lugar que ocupaban en el sistema de atención de estos menores. Les propuse explorar en el espacio las relaciones entre los diferentes elementos que componían este tema. Uno de ellos eran los propios menores. Al situar en el espacio al conjunto de elementos, resultaba llamativo que los menores miraban hacía un lugar en el que en principio no había ningún elemento ¿mirás algo en particular?, le pregunté a la persona que representaba este elemento. Su repuesta fue clara y rápida. Miro a mi futuro. Al explicitarlo, resultó significativo cómo el sistema de acogimiento se centraba en los menores pero olvidaba que ellos miran a su futuro ¿un descubrimiento mágico? ¿una capacidad especial del facilitador? No, era algo que ya sabían quienes participaban en la dinámica, sin embargo, no se habían conectado con ese conocimiento con la intensidad necesaria para convertirlo en un impulso para la acción.

Por si esto fuera poco significativo, realicé tres constelaciones con tres equipos diferentes que trabajan en torno al mismo tema y en la misma institución. En los tres apareció el futuro de los menores durante el proceso. Al comienzo nadie lo identificó como un elemento a tener en cuenta. ¿De nuevo la magia? ¿fenómenos paranormales? Me temo que no, algo menos glamuroso. Una herramienta muy potente para facilitar el acceso a un conocimiento ya presente en los equipos y en la organización, pero que no se ha hecho explícito, limitando así las opciones de acción.




lunes, 5 de diciembre de 2016

Reflexiones sobre los principios sistémicos en las organizaciones

Hace un par de meses, Georg Senoner publicó un breve artículo en el blog del IOCTI (programa de entrenamiento internacional Intensivo en Constelaciones Organizacionales) bajo el título “Misleading principles”, que podemos traducir por “principios que inducen a confusión”. Su lectura me ha generado dos reacciones diferentes.

La primera, de apreciación ante el cuestionamiento de lo que parece incuestionable. Georg se  pregunta abiertamente sobre la aplicabilidad en las organizaciones de los denominados Principios Sistémicos que Bert Hellinger identificó en su teoría sobre las dinámicas organizacionales. No es fácil salirse del paradigma mayoritario y Georg muestra de nuevo su "laicismo", su alejamiento de posiciones místicas o de ortodoxias supuestamente inmutables. Me gusta esta actitud, creo que es la base del avance del conocimiento. Cuestionar lo incuestionable nos abre a nuevas posibilidades, a nuevas reflexiones.

El enfoque sistémico en las organizaciones no es algo cerrado, es un proceso en construcciónEsto nos obliga a preguntarnos continuamente sobre el sentido de lo que hacemos y los fundamentos teóricos que lo sustentan. Más aún la herramienta que en castellano se ha dado en llamar "constelaciones organizacionales", aunque este concepto genera un universo simbólico a su alrededor poco útil. Prefiero hablar de "configuraciones" o "representaciones espaciales" de una situación organizacional. 

Los denominados principios sistémicos conllevan, como subraya Georg, la limitación para su aplicación en la empresa de no haber surgido desde el análisis o la reflexión del funcionamiento de los sistemas, en general, o de los sistemas organizacionales. Su punto de partida es un sistema con características muy singulares como lo es la familia. Yo añadiría, que arrastran también cierta arrogancia por la propia grandiosidad de su denominación: “principios sistémicos”. Esta grandiosidad hace que ese concepto se confunda con “otros” principios sistémicos vinculados a la teoría de los sistemas. La diferencia es que esos “otros” principios sistémicos sí son de aplicación a cualquier sistema. Otro pensador sistémico de las organizaciones, Peter Senge, también aporta su propia relación de "leyes" de la quinta disciplina (el pensamiento sistémico).

Sin embargo, el artículo de Senoner también me ha llevado a preguntarme por qué, cuando escuché esos principios de pertenencia, orden y equilibrio entre dar y tomar, me parecieron una aportación clasificadora para muchas situaciones que había vivido en las organizaciones. Incluso en qué forma me han seguido resultando útiles para aproximarme a los problemas de las organizaciones con las que he trabajado. Quizás, de una forma muy sistémica, esta llamada a pensar de Georg Senoner nos puede permitir un planteamiento que sea capaz de integrar "lo uno y lo otro". Lo que esos denominados principios sistémicos aportan y lo que dejan fuera.

Desde esta perspectiva, en mi experiencia, hay algunos elementos aportados por estos principios sistémicos que son muy útiles para entender las dinámicas organizativas y que me parece importante tener presentes:
- La trascendencia de que esté claro el lugar que cada uno ocupa en la organización y cómo afecta la confusión en ese ámbito.
- Las consecuencias de ocupar un lugar que no corresponde.
- El impacto de que no se reconozca la contribución de los que formaron parte del sistema y ya no están.
- Así como la falta de reconocimiento a la aportación que cada uno ha hecho y hace al propósito de la organización, ya sea por el tiempo que lleva, por su contribución a los resultados o por el lugar de responsabilidad que ocupa.
- La forma en que afecta a la dinámica del sistema el desequilibrio entre lo que se aporta o se siente que se aporta y lo que se recibe o se siente que se recibe.

Creo que son aspectos significativos que conviene tener en el radar cuando uno se sitúa ante una organización, pero no son los únicos ni necesariamente son la puerta mejor para encontrar lo que Senge llama "el punto de palanca", aquel en el que un esfuerzo relativamente pequeño puede lograr un impacto muy significativo en el cambio del sistema. Puede que elevar esas ideas a "principios sistémicos" pueda generar más confusión que otra cosa, especialmente cuando se trata de definirlos con esquemas conceptuales más propios de los sistemas familiares. Sin embargo, como decía, sí considero que dan una perspectiva útil para entender algunas dinámicas que generan problemas y dificultades en las organizaciones.

¿Y tú como lo ves? ¿Qué experiencias tienes en relación con estos temas? Nos encantará ampliar el debate a quienes os apetezca hacerlo.

Sobre este y otros muchos temas tendremos oportunidad de compartir y practicar con Georg Senoner en el programa "Management inteligente: herramientas sistémicas para empresas y organizaciones" que organiza EMANA en Bilbao. Comienza los días 23, 24 y 25 de febrero de 2017. Los otros dos módulos del programa serán los días 30, 31 de marzo, 1 de abril y 11, 12, 13 de mayo. Te animo a vivir con nosotros esta experiencia. Tengo la absoluta certeza de que no te arrepentirás. Para apuntarte contacta con la directora de EMANA, María Carrascal, en el 615 759 154 o bien a la dirección de correo mcarrascal@emana.net. 



domingo, 29 de mayo de 2016

Ferrari, mapas y simulaciones

Tranquilos no voy a hablar de la Fórmula 1. Del Ferrari que quiero hablar es Elisabeth Ferrari, quién impartió un curso en Bilbao hace unos días, en el marco de la formación en Consultoría, coaching sistémico y constelaciones organizacionales de EMANA. Elisabeth Ferrari forma parte del SySt®-Institute junto con Insa Sparren y Mattias Varga von Kibéd, creadores del trabajo sistémico estructural.

Desde luego le va bien a Elisabeth la metáfora de los coches de carreras. Es una máquina perfectamente engrasada capaz de aportar una gran cantidad de conocimiento en un tiempo limitado. Con una extraordinaria capacidad pedagógica y una clara estructuración de los contenidos nos hizo aprender y disfrutar.

Tratar de trasladar aquí lo que aportó a lo largo de tres días es un objetivo del que desisto. Sin embargo, hubo dos aspectos que sí quiero destacar. Uno en relación con el contenido y se refiere al trabajo con valores que desarrolló. Partiendo de la idea de que es imposible definir un valor de manera universal, ya que cada uno lo entendemos y vivenciamos de una manera diferente, centró la atención en cómo se relacionan entre sí los valores que vive una organización y la forma de trabajar sobre esa relación. Nos mostró dinámicas y herramientas útiles para ayudar a las organizaciones a reflexionar y plantearse qué hacer en torno a los valores genéricos que ha identificado y que, con demasiada frecuencia, no pasan de un papel declarativo. En ese marco utilizó el "triángulo de polaridades de creencias" del que ya he hablado en otros post (por ejemplo, aquí y aquí).

También me pareció especialmente interesante el trabajo que realizó en torno a los valores que hay detrás de los juicios que emitimos sobre otra u otras personas (o equipos) y la forma de trabajar sobre ellos y sus creencias a través del valor exagerado y el valor minorizado. En unos meses EMANA volverá a traerla y te recomiendo que estés atento a las fechas porque merece la pena.

El otro aspecto que quería destacar es la forma en que define lo que hace. Como buena estructuralista, parte de un esquema lógico que identifica estructuras detrás de los temas que quiere trabajar. Ese esquema lógico, si queréis esas "formas estructurales", las utiliza como herramientas de trabajo en el contexto de la consultoría o el coaching. Si pasa a representarlas en el espacio entonces las define como "formatos". Ese trabajo que otros llaman constelación para ella es una simulación, la representación del mapa mental de la persona o el equipo con el que está trabajando.

Curiosamente esto me ha conectado con un libro que he leído recientemente: Systemic coaching & constellations, del británico John Whittington. Me resultó curioso encontrar un autor anglosajón. Hasta ahora todo lo que había oído o leído era europeo (Holanda, Alemania, norte de Italia, España, ...) y tenía curiosidad por ver cómo planteaban el tema desde la perspectiva del mundo anglosajón. En general ha cumplido los pronósticos: claro, conciso, al grano. Menos creativo pero bastante didáctico.

Whittington diferencia tres fases en una intervención sistémica. Cada una con su propio valor. No son una escala de importancia o de intensidad, sino fases con vida propia que no necesariamente han de transitarse.

1.- La entrevista sistémica.
2.- La construcción de un mapa que representa en el espacio los elementos planteados en la entrevista. Con la facilidad que da el idioma el ingles para estos casos, lo denomina "mapping".
3.- Constelación. Identifica esta fase con la intervención en el mapa creado.

Me ha interesado esa diferenciación entre elaborar un mapa espacial y la intervención en él. En muchos casos el mero hecho de que el cliente vea en el espacio su propio mapa mental es suficiente para abrirle nuevas vías de acción. En otros puede aportar el trabajo a realizar sobre ese mapa. Y cuando hacemos eso, sintoniza más conmigo hablar de simulación que de constelación. Un concepto que en nuestro idioma y nuestra cultura nos lleva más a pensar en la astrología que en la astronomía.

sábado, 30 de abril de 2016

De la mirada sistémica a la organización dual de Kotter

La jerarquía, las estructuras piramidales pueblan nuestras organizaciones. Durante muchos años han sido el paradigma de referencia. Pero desde hace ya un tiempo está fuertemente cuestionado por su anclaje en una cultura basada en el control y el miedo, contrapuesta a la cultura de compromiso e innovación que hoy se busca y se necesita.

Ese cuestionamiento ha tenido una cara más reformista, que no plantea la desaparición de las jerarquías sino una forma de ejercerlas diferente. El concepto de liderazgo se convierte en una metáfora de esa propuesta. No se cuestiona que haya una organización piramidal, con puestos con responsabilidad formal sobre equipos de personas, sino la forma de ejercer esa responsabilidad.

Una postura más radical cuestiona la propia jerarquía, su necesidad. Paradigmas alternativos son la holocracia y la redarquía. Redes de personas que trabajan en colaboración con diversos roles que pueden ser desempeñados por unos u otros. Estructuras horizontales, sin referencias jerárquicas para el funcionamiento o la toma de decisiones. Hasta el presente, en la realidad, estas alternativas son más bien anecdóticas. Las empresas "realmente existentes" son jerárquicas y no se les ve mucha intención de dejar de serlo. Ni que decir las Administraciones Públicas.

El último libro de John Potter , famoso por sus aportaciones sobre las fases del cambio, titulado "Acelerar"  propone un enfoque diferente: la organización dual. En su planteamiento lo que plantea es que las estructuras jerárquicas, piramidales, son muy buenas haciendo trabajos estandarizados, prestando servicios repetitivos. En lo que no son eficientes es generando innovación, gestionando proyectos transversales, favoreciendo la implicación de las personas. Hasta ahora los esfuerzos mayoritarios se han dirigido a reformar la jerarquía para que asuma los cambios necesarios para ser también buena en estos otros ámbitos. Sin embargo esos esfuerzos son arduos, intensos y frecuentemente con resultados escasos.

Kotter plantea que para acelerar ese cambio hay que plantearse que la redarquía es un medio mucho mejor para la innovación, la creatividad y la implicación de las personas. Pero no lo propone como una alternativa. La potencia reside, desde su perspectiva, en saber articular ambas dinámicas organizativas en la misma empresa: la organización dual. Combinar la estructura jerárquica tradicional, centrada en la prestación de servicios repetitivos o en actividades estandarizadas, con una red de equipos innovadores gestionados de manera autónoma y centrados en proyectos temporales. Matiza que no se refiere a los clásicos equipos de mejora ni a los equipos de proyecto tal y como están entendidos. Para más detalles os sugiero leer el libro, relativamente breve, por cierto.

Me ha venido a la cabeza este libro al escuchar a Guillermo Echegaray en el módulo que impartió dentro del curso de Intervenciones Sistémicas y Constelaciones Organizacionales que organiza EMANA. Presentaba Guillermo uno de los denominados "principios sistémicos" (que yo prefiero llamar "necesidades de los sistemas"): el referido al orden. Al hacerlo planteo dos maneras de situarse ante los diferentes elementos que dan "orden" a una organización.

No voy a profundizar en el planteamiento pero sí subrayar cómo una forma de leer esos elementos de orden refuerza la estabilidad del sistema, mientras otras potencian la innovación. Cuando se cuida y valora más la pertenencia, el tiempo que se lleva en la organización o la contribución desde una determinada posición organizativa que las competencias personales, se genera una dinámica que promueve la estabilidad. Cuando se cuida y valora la tendencia inversa coge fuerza la innovación. Potter nos viene a retar con la pregunta ¿y cómo podría ser una organización que incluye lo uno y lo otro? Un planteamiento bien sistémico, por cierto.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Tres estrategias claves en las intervenciones sistémicas: equilibrar, separar, conectar.


Me parece fascinante mirar a los equipos y las organizaciones como un sistema. Poner el foco en las relaciones, en las dinámicas, en los patrones que se han ido construyendo. Lo que ocurre, los problemas que se viven, los bloqueos que se encuentran adquieren otra perspectiva. Dejan de ser problemas personales para poder ser entendidos como síntomas sistémicos. Y desde ahí se abre la posibilidad de "rescatar" a las personas, separarlas de las etiquetas con las que frecuentemente las catalogamos cuando algo no funciona como nos gustaría.

Estos días ha continuado el programa de Intervenciones sistémicas y constelaciones organizacionales que organiza EMANA y certifica INFOSYON. Una oportunidad extraordinaria de asomarse a esa mirada sistémica de la mano de los principales referentes en el tema. Esta vez nos ha visitado Guillermo Echegaray, un navarro ahora afincado en Uruguay. Guillermo ha sido pionero en el País Vasco en el uso de constelaciones organizacionales y es autor del libro en castellano sobre el tema "Para comprender las constelaciones organizacionales".

De los tres días, ricos en contenidos y experiencias, rescato dos aspectos que me han resultado especialmente interesantes. El primero se relaciona con la presentación que realizó del triángulo de polaridades de creencias (aunque lo amplió a un prisma de polaridades en el que no me voy a detener). Un enfoque estructural planteado por Mathias Varga  que identifica tres polos:
         - El del saber, claridad, capacidad de darse cuenta, lógica, cerebro, información,...
         - El del orden, estructura, acción, organización, ética,...
         - El del amor, respecto, confianza, corazón, estética, comunicación,...

Utilizando una representación espacial de esos polos, podemos explorar cómo me siento en relación con cada uno de ellos. En que punto entre los tres polos siento que es mi lugar ¿qué movimiento me gustaría realizar? ¿hacia dónde? ¿cuál sería un buen primer paso en esa dirección? También es posible planteárselo como equipo ¿dónde estamos en relación con esos polos?  ¿cuanto de cada polo caracteriza nuestra forma de trabajar? ¿que cantidad de esos ingredientes tiene la cultura de la organización?

Sobre esa base Guillermo planteo tres equivalencias de cada uno de esos polos vinculados con dinámicas que aparecen en los sistemas:
- Equilibrio, relacionado con la necesidad de un sistema de un equilibrio entre lo que se da y lo que se toma (vinculado al polo del saber)
- Separación, vinculado al orden en el sistema.
- Conexión, la necesidad de los elementos del sistema de que se reconozca su pertenencia (vinculado al polo del amor).

Estos tres elementos se convierten así en un test sistémico básico de un equipo o una organización: ¿hay algo que no está en equilibrio? ¿hay algo que necesita separarse? ¿hay algo que requiere conectarse?.

Y no hay equilibrio cuando una parte da más de lo que recibe o viceversa. Hay necesidad de separación cuando se superponen elementos. Por ejemplo, hay un fuerte enfrentamiento entre dos miembros del equipo y la dinámica sistémica subyacente es que uno ve en otro una imagen de autoridad que rechaza. Separar implicaría diferenciar las personas que componen ese equipo de lo que se está proyectando en ellas. Conectar supone dar lugar en el sistema, reconocer la contribución que alguien ha hecho o hace.

Te invito a preguntarte ¿cuál es tu lugar actual en relación con las tres polaridades que plantea Mathias Varga? ¿y el de tu equipo? ¿hacia te gustaría moverte?  Y en tu equipo u organización ¿que dinámica puede ser necesaria: equilibrio, separación, conexión?

La otra idea sugerente la dejo para un próximo post.

La foto la realicé en un descanso del programa.
  

lunes, 29 de febrero de 2016

Equipo y sistema: dinámicas invisibles

Estas últimas semanas han sido de gran intensidad de trabajo y este blog lo ha notado. Ha estado a punto de pasar el mes de febrero en blanco. Para evitarlo comparto parte de la actividad que me ha tenido ocupado.

A finales de enero se inició una nueva edición de curso sobre Intervenciones sistémicas y constelaciones organizacionales que organiza EMANA. Formo parte del equipo de tutores y procuro asistir a las sesiones. El nivel del profesorado hace que siempre aprenda algo nuevo. En ese primer módulo, Asier Gallastegi realizó una introducción al programa y profundizo en la utilización de figuras como herramienta para trabajar con el sistema, algo que maneja con enorme destreza.

Unas semanas después Georg Senoner profundizó en el uso del enfoque sistémico y las constelaciones organizacionales en la práctica de la consultoría.  Sobre Georg ya he escrito un par de post. Uno sobre su libro y su manera de entender el trabajo sistémico, otro su presentación de las cuatro habitaciones del cambio. Escucharle me resultó de nuevo una fuente de estímulo e inspiración.

Por otra parte, el 11 de febrero dio comienzo otra edición del curso de coaching de equipos que también organiza EMANA. En este curso participo como parte del equipo docente, lo que conlleva tiempo de preparación y coordinación, además del que supone la facilitación de las sesiones. Este comienzo de año tan frenético apenas me ha dejado tiempo para un nuevo proyecto que me he planteado: un nuevo libro. Esta vez sobre las claves para entender y desarrollar los equipos. Aún no se ha publicado el que he dedicado a las conversaciones difíciles (está previsto que esté en la calle en el mes de mayo) pero ya tengo necesidad de dar estructura a todas las ideas que he ido recogiendo y viviendo desde la experiencia en torno al funcionamiento de los equipos y lo que marca la diferencia entre los que mejor funcionan del resto.

Por otra parte, he continuado con varios procesos de coaching individual y de equipo, facilitando otras acciones formativas y acompañando procesos de cambio en diversas organizaciones. En este trajín, me ha venido a la cabeza un libro que leí hace ya un tiempo. Su título "dinámicas invisibles". En un equipo es necesario analizar y trabajar los aspectos relacionados con la definición de su propósito, con la identificación clara de sus resultados y la forma de hacerles un seguimiento y hacerlos visibles. Es clave la forma en que se organiza para la tarea, analizar los roles de equipo que se encuentran en su seno, considerar el estilo de liderazgo. Igualmente importante resulta conocer y explorar como funciona en el equipo la confianza, el compromiso, la corresponsabilidad. Cómo conversa el equipo y cómo gestiona conflictos y emociones.

Sin embargo, frecuentemente pasan desapercibidas esas dinámicas invisibles que hacen que el equipo pierda energía y se encuentre con serias dificultades para lograr el rendimiento de que es capaz. Estas dinámicas están detrás de las cuatro últimas fuentes de conflicto que comenté en el post anterior. Para identificarlas y poder incidir en ellas la intervención sistémica me parece la más efectiva. Trabajar sobre la parte visible del iceberg es suficiente en muchas ocasiones. Sin embargo es importante estar atento a lo que no se ve, a los patrones que el equipo manifiesta. Saber escucharlos e identificarlos me parece una competencia clave para un buen trabajo con equipos.




martes, 28 de julio de 2015

Nicklas Luhmann, los sistemas y las personas.

No tuve malas notas mientras me licenciaba en Ciencias Políticas y Sociología. Es más, creo que aproveché el tiempo y la oportunidad que la universidad me dio. De hecho, algunas de las cosas que allí aprendí han sido esenciales en mi vida y lo siguen siendo.

Y no me refiero solo al hábito de investigar, leer, fundamentar, buscar referencias,... que es importante por si solo. También conocí pensadores y teorías que me dieron una determinada manera de ver el mundo. Berger y Luckman y su libro "La construcción social de la realidad"Ron Harré y "El ser social"; Erving Goffman con obras como "La presentación de la persona en la vida cotidiana", "Internados", "Estigma" o "Relaciones en público". Allí conocí la teoría general de sistemas de Ludwig von Bertalanfly y su translación a la sociología de Walter Buckley.

Sin embargo, eso no me quita la sensación de que podría haberle sacado aún más partido. Así, por ejemplo, Max Weber y Talcott Parsons fueron autores que estudié pero que no leí hasta una vez finalizados los estudios. Antes eran demasiado "conservadores" para los territorios ideológicos en los que vivía por aquel entonces. Y otros corrieron peor suerte. Por ejemplo, Niklas Lehmann, discípulo precisamente de Parsons y que centro se trabajo en la elaboración de una teoría general de los sistemas sociales. Su polémica con Jürgen Habermas, vinculada a la Escuela de Frankfurt, lo hacía un autor poco apetecible. Para muchos universitarios de aquella época cualquiera que discutiera con Habermas "necesariamente" tenía que estar equivocado.

El caso es que uno va creciendo y adquiriendo una visión diferente de la vida. No digo mejor o peor, diferente. Ya veis que soy bastante comprensivo conmigo mismo (y trato de serlo también con los demás). Al fin y al cabo en cada momento hice y creí en lo que consideraba que era mejor para mi y para la sociedad en que vivo.

A lo que iba, desde hace unos años utilizo el enfoque sistémico para trabajar con equipos y organizaciones. Y eso me ha hecho revisar a Luhmann. En concreto, me he acercado a él con el libro "Sociedad y sistema: la ambición de la teoría" (Ed. Paidós). Es un libro pequeño que extracta algunas de sus ideas centrales, aunque lo mejor me ha parecido la introducción de Ignacio Izuzquiza. Así que voy a basarme en ella para subrayar algunas de las principales aportaciones de Luhmann.


La teoría de sistemas clásica (Ludwig von Bertalanffy) plantea que el sistema se define siempre respecto a un determinado entorno. Lehmann, en cambio, plantea una teoría de los sistemas autorreferentes, en los que "el sistema incluye en su misma constitución la diferencia respecto a su entorno y solo puede entenderse como tal desde esa diferencia". Posteriormente define al sistema como autorreferente y autopoiético, incorporando la teoría de la autopoiesis, de Maturana y Varela. Esto tiene una consecuencia significativa en relación con el concepto de observación, ya que "no hay nunca observación neutral que no se encuentre dirigida por una diferencia o por un conjunto de diferencias".

Interesante es también su planteamiento de que todo aquello que puede considerarse como una unidad lo es en tanto "unidad de diferencias". Sin diferencia no puede existir relación, unidad, complejidad, sistema, observación. En una lectura personal más aplicada, su enfoque conecta con la idea de que una persona, un equipo, una organización, solo puede entenderse en la relación con los otros, una relación que implica diferencia. Mirarlos de forma aislada nos hace perder la perspectiva del sistema social de que forman parte y contribuye a definirlos.

Me ha interesado también la importancia que da Luhmann a la paradoja. De hecho, como comenta Izuzquiza, "la observación, la diferencia, la autorreferencia llevan directamente a la paradoja". Lehmann la considera, en su modo creativo, "un destino inexcusable de toda teoría radical, que pretenda describir la sociedad moderna".

Quizás la aportación más desafiante y polémica de Lehmann sea su concepción de la sociedad como sistema autorreferente y autopoiético que se compone de comunicaciones. Pero lo radical de su planteamiento es que, en su perspectiva, "la sociedad no está compuesta de seres humanos, sino de comunicaciones". Las personas son el entorno de la sociedad, no componentes de la misma. "Los seres humanos -que son sistemas autorreferentes que tienen en la conciencia y en el lenguaje su propio modo de operación autopoiética- son el entorno de la sociedad, no componentes de la misma. Evidentemente, la sociedad supone a los hombres, pero no a modo de inclusión en ella, sino como su entorno". Eso no implica que no de valor a las personas, pero las entiende a modo de la relación de un  sistema y su entorno. Una relación que alcanza altos niveles de complejidad.

En cierta forma, Lehmann lleva al límite la idea de que en un sistema lo fundamental son los nexos, las conexiones, las relaciones entre los elementos que lo componen, más que los elementos en sí mismo. Un autor difícil de leer por lo abstracto de su planteamiento, derivado de su pretensión de construir un teoría general capaz de explicar la sociedad en su conjunto. En todo caso, te remueve las ideas preestablecidas, lo cual siempre es de agradecer.

Ahora un poco de novela negra para que se note que es verano.

domingo, 12 de julio de 2015

Gunthard Weber (y 2): constelaciones que no lo son, intervenciones sistémicas y el lugar del facilitador

Ayer noche Bob Dylan tocó en directo en San Sebastián. Según me cuenta mi amigo Paco, que acudió presto a escucharle a la plaza de toros de Illumbe, eso fue lo que hizo literalmente. Ni un hola, ni un adiós, ni un comentario, ni la más mínima relación con el público que no pasara por sus canciones.

Hace unos años tuve oportunidad de escuchar en Bilbao a otro de los grandes de la música, Van Morrison. Y más de lo mismo. Salvando una buena bronca que le echó en pleno escenario a uno de sus músicos, ni una palabra dirigida al público entregado que le fue a escuchar.

Lo de Guntard Weber no es la música sino la consultoria y la psicoterapia, aunque incluso nos cantó en más de una ocasión. También supera los 70, como los dos primeros. Y, al igual que ellos en la música, es el pionero de un estilo de trabajo en las organizaciones utilizando las constelaciones. Sin embargo, su actitud, su manera de estar no puede ser más opuesta. En continua interacción con quienes le escuchábamos, nos hizo sentir especiales. Cuidados y respetados. Fue un placer experimentar su inmensa humanidad, más allá de la "música" que tocaba, y mira que toca bien. Su sabiduría se hizo mucho más grande con su humildad.

En el anterior post daba algunas pinceladas de la primera jornada del taller que ha impartido en Bilbao de la mano de Emana. Continúo con ideas que me llegaron de la segunda y última.

Gunthard, que impartió en taller en alemán con una extraordinaria traducción consecutiva al castellano, nos explicó que la palabra que denomina a las constelaciones en ese idioma (el primero en que se definieron como concepto) significa "poner en el espacio". Fue en su traducción al inglés cuando se utilizó "constelation" y a continuación en castellano, adoptando la referencia inglesa, en lugar del original alemán. Total, que hemos acabado con un termino con connotaciones exotéricas para un concepto mucho más fenomenológico, descriptivo de lo que se hace cuando "constelamos": colocar a elementos en el espacio, generando una configuración espacial de la imagen que tiene el cliente del asunto que quiere trabajar.

También me pareció clave, especialmente viniendo de la persona que inició la utilización de las constelaciones en la organizaciones, su diferenciación clara entre enfoque sistémico y constelaciones. Para Weber, las constelaciones en sí mismas no son sistémicas. Son un instrumento que se puede usar desde un enfoque sistémico o no. En concreto, para él, la forma en que Hellinger las utiliza no refleja un planteamiento sistémico.

La teoría sistémica, abundó, trata de las relaciones de los elementos del sistema y su reciprocidad. De patrones que se repiten, de procesos circulares recurrentes en el sistema. El contructivismo le añadió la referencia al observador. Las cosa son como las observamos, no las observamos como son. Desde ese marco teórico se fue desarrollando la terapia sistémica y la consultoría sistémica. Autores como Maturana y Varela, Bateson, Luhmann, la escuela de Palo Alto, la de la terapia familiar de Milan,.... Son un conjunto amplio de desarrollos teóricos y meteorológicos que caracterizan la manera de intervenir sistémica. Y desde ella se pueden utilizar las constelaciones o no, es decir, hay intervenciones sistémicas sin utilizar la herramienta de las constelaciones. Y, a su vez, utilizar una constelación no es en sí mismo indicativo alguno de que el facilitador esté trabajando desde un enfoque sistémico.

Más allá de sus palabras, resultó muy instructiva la manera de estar de Weber cuando trabajaba con los clientes que trajeron casos al taller. Sin embargo, también las palabras que utilizó para explicarlo fueron clarificadoras: es necesario centrarse siempre en la pregunta que el cliente ha planteado, en lo que es su interés. El facilitador tiene que vigilar su curiosidad, que le puede llevar a explorar caminos que no aportan a la pregunta que el cliente ha planteado. Así mismo, hay que estar atento a no inventarse nuevas preguntas, nuevos problemas, que el cliente no ha formulado. Como diría Georg Senoner, bastante problema tiene ya el cliente como para que nosotros le planteemos otros nuevos.

Subrayó la importancia de sentir amor, al menos simpatía por el cliente. Mirarlo en su singularidad, en lo que tiene de único. Centrarnos en lo que hay en él que está esperando para realizarse, para desarrollarse. Esa actitud sincera y sentida, fortalece al cliente y le hace sentirse reconocido y, desde ahí, puede llegar a abrir su alma.

Así mismo, cuando el facilitador aconseja ha de tener cuidado de no posicionarse demasiado al lado de los cambios. Inclinarse en exceso en esa dirección puede llevar al cliente, en una reacción muy sistémica, a rechazar con más fuerza los cambios. Siempre hay que preguntarse si es el momento de los cambios o hay que esperar aún un poco. Y en ese marco, dar un mensaje explícito de respeto y de aceptación a que el cliente se quede donde está.

Cuando sientes que tiene que esforzarte mucho para provocar el cambio ten cuidado, eso es ya una señal de que quieres algo diferente a lo que quiere el cliente. Y será una buena idea volverte a preguntar a ti mismo qué es lo que quiere el cliente.

Ojalá María Carrascal (Emana) consiga otro de sus milagros y logre que Gunthard Weber vuelva de nuevo el próximo año. Mientras tanto, reserva en tu agenda los días 9 y 10 de octubre (Jan Jacob Stan) y 6-7 de noviembre (Anton de Kron)

viernes, 10 de julio de 2015

Gunthard Weber: ¿cuál es tu pregunta? ¿qué lugar ocupas? ¿es el lugar que te corresponde ocupar?

Las lecturas sobre temas profesionales las lleno de subrayados. Y cada vez que releo algo varios años después me pregunto ¿cómo pude subrayar esta tontería y no hacerlo con esta frase que es central?

Con los años he ido comprendiendo que el que lee no es el mismo unos años después y cuando leemos, cuando escuchamos, cuando percibimos lo hacemos desde el tamiz del momento en que vivimos. Lo que entonces era para mi clave hoy ha pasado a ser casi una obviedad. En cambio, ahora encuentro un matiz que en su momento me paso totalmente desapercibido.

Hoy he estado en la primera de las jornadas del taller de Gunthard Weber en Bilbao, organizado por EMANA.  Me acerco a subrayar algunas de las ideas que más me han resonado desde esa limitación tan humana. No es lo más importante que ha dicho Weber sino lo que hoy me ha inspirado de alguna manera.

Gunthard Weber nación en Alemania en 1940. Médico psiquiatra, en 1984 fundó la Asociación Internacional de Terapia Sistémica. Posteriormente creó el Grupo de Trabajo Internacional "Soluciones sistémicas según Bert Hellinger". Se le considera el pionero del uso de la herramienta de las constelaciones en el entorno empresarial. El mismo subraya su doble vertiente terapéutica y organizacional. Una maravilla poderlo escuchar en Bilbao ¡¡¡¡gracias María Carrascal!!!!

El taller de estos dos días se centra en las empresas familiares, ejemplo paradigmático de la interconexión entre las dinámicas sistémicas familiares y las dinámicas sistémicas organizacionales. Weber ha ido salpicando la jornada de reflexiones más personales junto con casos reales traídos por las más de 40 personas participantes.

Su propia presencia es merecedora de ser vista y compartida. La forma serena con la que entrevista al cliente. Su capacidad para mostrar humanidad, incluso cuando confrontaba lo que el cliente planteaba, es extraordinaria. No he podido evitar pensar lo que una persona de 75 años puede aportar en una sociedad que idolatra los atributos de la juventud y se permite llevar al baúl de los recuerdos a personas con una experiencia y un saber hacer impresionantes.

También me ha llamado la atención su acento "terapéutico". Busca dar una solución a su cliente. Al menos ponerle en un camino significativo para él. Interviene de manera clara en la propia constelación, dejándose guiar por su intuición y por las hipótesis que maneja. Y lo hace hasta el punto que algún participante le ha cuestionado esa forma de hacer frente a otras menos "intrusivas". Weber ha indicado que para él el criterio de éxito es la utilidad para el cliente no el juicio de otros colegas. Reconoce que su forma de hacer es eso, su forma de hacer. Respeta las que tienen otros profesionales pero esa es la suya y considera que les es útil a sus clientes. 

Viéndole trabajar, de nuevo he visto la trascendencia de que el cliente exprese en una pregunta lo que quiere trabajar. Citando a Hellinger ha afirmado que un cliente debería ser capaz de expresar en tres frases la pregunta que le gustaría resolver. Sin una pregunta clara el proceso no puede encontrar un ritmo efectivo. Y la mera búsqueda de esa pregunta ya es en muchos casos una intervención significativa. Su manejo de la entrevista inicial pivota en torno a la expresión de esa pregunta y el grado de importancia para el cliente de la misma.

El otro tema que de nuevo he vivido con intensidad es la importancia de ocupar "el lugar" que te corresponde en el sistema familiar, en el sistema organizacional. La falta de claridad sobre el lugar que se ocupa, el solapamiento del lugar de un sistema en el otro, la ocupación de lugares que no son los tuyos, la transición de un lugar a otro.... son elemento habitual en prácticamente cualquier organización, a la vez que fuente de dificultad y dolor.  

Y mañana más.

domingo, 24 de mayo de 2015

Reflexiones desde el coaching en una jornada electoral: la importancia de saber despedirse

Hoy se celebran en España elecciones locales y autonómicas en la mayoría de las Comunidades Autónomas. En esta ocasión se presentan nuevos partidos y otros, no tan nuevos, parece que van a irrumpir con fuerza. Incluso sin estas novedades, al final del día habrá personas que sabrán que tienen que despedirse de su responsabilidad como cargo público. Otras ya lo tenían claro desde antes ya que no formaban parte de las listas electorales. Por otra parte, la alegría y cierta inquietud interior serán protagonistas para quienes sepan que han resultado elegidos.

Hace algo más de dos años, con motivo del cambio de gobierno en la Comunidad Autónoma de Euskadi, escribí un grupo de post que vuelven a recobrar actualidad en este momento. En uno reflexionaba sobre los que se van. Sobre la importancia de saber cerrar una etapa. Lo puedes leer aquí.

Releyéndolo ahora, sigue manteniendo plena actualidad y te animo a que le des una mirada. Añadiría que saber terminar un proyecto, un trabajo, una relación,... no solo es importante para la persona que lo hace. También quienes se quedan lo necesitan. En ocasiones, algunas de las personas que se quedan, cogen la responsabilidad de defender el "legado" de quién se marchó y le hacen muy difícil la llegada a la nueva persona que ocupa su lugar. Por eso, si quién se va no sabe hacerlo, quienes se quedan han de asumir su parte de responsabilidad en gestionar adecuadamente el final de esa etapa.

¿Cómo hacerlo? Pongámonos en el caso de que quién se va lo hace prácticamente sin despedirse o con una despedida que no da mucha opción a cerrar bien. Quienes se quedan, una vez que esa persona ya no está, pueden reunirse dejando una silla vacía que represente a quién se ha ido. Poco a poco, una persona tras otra, se van despidiendo de quién se fue. Cada uno con sus palabras, con sus vivencias, con sus emociones.

Planteo aquí una propuesta de conversación de despedida. La forma ha de adaptarla cada uno a las palabras y el estilo que sienta como suyo. Si no se hace desde la autenticidad no tiene ningún sentido:

1. Gracias por la contribución que has realizado. Más allá de que haya habido cosas que no me han gustado, reconozco lo que has tratado de aportar. Formas parte de la historia de esta institución y así te recordaremos.
2. Hay muchas cosas que has hecho o a las que has contribuido que se quedan con nosotros. Sin embargo, la vida sigue. Llega otra persona a cubrir tu puesto y con ella iremos recorriendo un nuevo camino. En él puede que cambiemos cosas que hicimos contigo. Eso no implicará que olvidemos tu contribución, pero esta institución es mucho más que cada una de las personas que la componemos y que pasamos por ella en un momento u otro. Por ello, respetando lo que has aportado, nos sentimos con libertad para realizar nuestro propio camino.
3. Perdón por si algo que he podido hacer o decir te ha llegado a hacer daño.
4. Te deseo éxito en lo que puedas emprender a partir de ahora.

Igualmente, es importante saber recibir a quién llega nuevo. Pero eso ya será objeto de otro post.

Post data: Recuerda que los días 25, 26 y 27 de junio facilito un taller en el que abordaremos las claves para afrontar la vida en política, incluida la habilidad para saber llegar y saber despedirse. Más información y matrícula aquí.

This is the end, beautiful friend 
This is the end, my only friend, the end 
Of our elaborate plans, the end 
Of everything that stands, the end 
No safety or surprise, the end 
I'll never look into your eyes, again
"The end". The Doors




miércoles, 28 de enero de 2015

U.lab: una experiencia de aprendizaje compartido en torno a la teoría U

El Presencing Institute, liderado por Otto Schamer, profesor en el Massachusetts Institute of Technology, ha puesto en marcha un programa de aprendizaje on-line denominado U.Lab: Transforming Business, Society and Self, en el que estoy matriculado con otras 25.300 personas de todo el mundo. No, no es una errata, más de veinticinco mil trescientas personas han decidido matricularse en este programa formativo que tiene como marco teórico la teoría U.


Me está resultando una experiencia muy enriquecedora desde diferentes perspectivas. De un lado por la enorme generosidad del equipo que lo organiza. La matrícula es gratuita pero el mimo con el que está hecho el curso no tiene precio. Materiales escritos, gráficos y muchos vídeos que aportan conocimiento y oportunidades de reflexión. Además todo el proceso impulsa a compartir con otros a través de los denominados "Hub" o de los "Círculos de coaching".

También me está resultando muy estimulante comprobar las posibilidad que las nuevas tecnologías dan para compartir y promover procesos de aprendizaje. Un proceso que en este caso adquiere una dimensión global en el sentido más amplio de la palabra.

Respecto a los contenidos, el programa se apoya en el libro de Otto Schafer y Katrin Kaufer, titulado  Leading from the emergent future. From Ego-system to Eco-system economics. En coherencia con este título, uno de los primeros aspectos que aborda el curso se refiere precisamente a los elementos que caracterizan el sistema actual, definido como "ego sistema". Para ello utiliza la clásica imagen del iceberg. En la superficie afloran tres escisiones:

- La escisión ecológica: entre la persona y el entorno natural.
- La escisión social: entre la persona y las otras personas.
- La escisión personal: entre la persona y su verdadero yo, sus aspiraciones más profundas.

Pero por debajo de estas escisiones que podemos observar y documentar encontramos tres niveles que no resultan directamente observables: las dinámicas estructurales y los modelos mentales que las sustentan. Resumir en un post el amplio material que se ha ido trabajando en estas dos semanas se encuentra lejos de mis capacidades, así que os animo a acercaros a la página del curso o al libro que he mencionado (eso sí, todo está en inglés, lo que es una buena oportunidad para practicar este idioma... si lo conoces lo suficiente).

A partir de esta aproximación diagnóstica, se presenta la teoría U como herramienta para afrontar los desafíos que la realidad actual plantea y generar un cambio profundo en las personas, las organizaciones y la sociedad en su conjunto. Un cambio que permita avanzar desde el "ego sistema" al "eco sistema". Ya me había acercado a este enfoque pero no me terminaba de conectar con él. El lujo de escucharlo presentado por el propio Otto Schamer, además de probablemente mi propia evolución personal, están haciendo que descubra matices y aplicaciones que se me habían escapado hasta ahora.

Resumiendo una experiencia de gran interés a la que aún estás a tiempo de sumarte.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Cuándo es útil la intervención sistémica y algunas características del coaching y de la consultoría sistémicas

Sinceramente no se de donde me saqué que el libro de Anton de Kroon y Siebke Kaat, que comentaba en la entrada anterior, se titulaba "The surprising approach of systemic consulting". Estoy seguro que no me lo inventé (espero no estar ya tan mal) pero no recuerdo dónde lo leí, porque el título del libro es el que podéis ver en su portada: "Systemic consulting. The organisation as a living system". La versión en inglés del libro solo está disponible en e-book. Se puede adquirir aquí.

El caso es que quedé pendiente de comentar la segunda parte del libro, en la que se centra en las características de la consultoría y el coaching sistémico. Voy con ello.

De Kroon y Kaat plantean que no siempre es adecuado trabajar con un enfoque sistémico. Así, por ejemplo, si el cliente tiene una idea preconcebida, muy concreta y específica, del resultado que desea obtener, no tiene sentido plantearse un acercamiento sistémico al problema.

El acercamiento sistémico a los problemas de una organización no se presenta como la única forma de intervenir con éxito, más bien su lugar llega cuando otras soluciones no sistémicas no consiguen desatascar los problemas. En palabras de Anton: "Si los problemas en una organización son persistentes y las intervenciones que se han realizado apenas dan resultado o este es muy efímero, entonces parece que el sistema necesita algo más, antes que las diferentes partes del sistema vuelvan a recobrar sus fortalezas".

Anton de Kroon y Siebke Kaat concretan algunas circunstancias en las que el abordaje sistémico parece especialmente apropiado:
  • Los problemas muestra un patrón que se repite una y otra vez, a lo largo del tiempo y, a veces, en diversos lugares de la organización.
  • El origen de ese patrón es poco claro.
  • Las intervenciones habituales no sirven de ayuda o no lo suficiente.
  • Las personas colaboran para que la intervención tenga éxito pero, así y todo, los problemas persisten.
  • La energía parece escaparse fuera del sistema, incluso la que pueden traer las nuevas incorporaciones.
A lo largo del libro, los autores nos van mostrando ejemplos concretos, basados en su experiencia. De ella surgen una serie de ideas clave para realizar una exploración sistémica:
  • ¿Cuándo comenzó el problema? ¿Ocurrió algo en aquella época? La exploración del momento en el que el patrón se inició puede ser crucial para identificar el desajuste sistémico que ha tomado forma a través del problema que ahora vemos en primer plano.
  • ¿El problema se manifiesta exclusivamente en una parte de la organización o puede verse, aunque sea con matices diferenciados, en más lugares de la organización?
  • ¿Pasó algo similar con anterioridad?
  • ¿Qué beneficio aporta el problema? ¿Cuál es su función, para que sirve, a qué contribuye?
  • Si este problema desapareciera para siempre ¿quién o qué pagaría algún precio por ello? ¿quién o qué perdería algo?
  • ¿Qué funciones, personas o grupos llevan ahora el peso del problema? ¿A quién o a qué beneficia la existencia de este problema?
Más adelante resume en un largo párrafo las claves del proceso de exploración sistémica: "el orden de exploración es un proceso que primero hace un zoom hacia afuera y luego hacia adentro. Cuando la razón de que la organización exista, el origen y su historia, son vistos y reconocidos; cuando hay claridad respecto a quién y qué pertenece al sistema y cómo cada uno contribuye al conjunto; cuando el orden entre las partes es claro, no hace falta decir que usted verá equilibrio entre las partes respecto a lo que toman y a lo que dan. Y, cuando todo esto está en su sitio y todavía hay desequilibrios entre el dar y tomar, entonces, habitualmente, lo pueden resolver con facilidad los miembros del sistema por sí mismos ya que el problema no está en un nivel sistémico."

El libro incluye, al final de varios de sus capítulos, una relación de preguntas sistémicas que pueden ser muy útiles para quién comience a adentrarse en esta forma de entender e intervenir en las organizaciones.

Me parece interesante la referencia a las actitudes que caracterizan al profesional sistémico:
  • Estar al servicio del sistema en su conjunto, no de una de sus partes.
  • Mirar todo lo que ocurre, incluso los comportamientos individuales, como una expresión del sistema en su conjunto.
  • Alerta ante cualquier situación que pueda poner de manifiesto algo relacionado con la pertenencia o la exclusión de partes del sistema; el orden, el lugar que el cliente ocupa o le han dado y la historia de ese lugar.
  • Suspender los juicios, no valorar, no juzgar lo que ocurre.
  • Tomar sus propias reacciones y sensaciones como fuente de información de lo que ocurre en el sistema
  • Atención a los patrones que se repiten.
  • Implicarse con distancia.
  • Parcialidad multilateral, o ser capaz de mirar desde las diferentes perspectivas envueltas en el problema.
  • Ser consciente de su temporalidad, de su situación fuera del sistema.
  • Restringir la acción para no hacer lo que le corresponde hacer a quienes componen el sistema.
  • Atención constante a las desviaciones de estas actitudes, estar en permanente alerta ante ellas.
Tres ideas finales que me parecen muy significativas del enfoque sistémico:
  • mirar los problemas como soluciones de algo;
  • la primera cuestión a discernir es en qué sistema se encuentran las raíces del problema y,
  • los esfuerzos han de dirigirse a contribuir a que el cliente descubra las dinámicas sistémicas en las que se encuentra envuelto.

viernes, 24 de octubre de 2014

Anton de Kroon y la consultoría sistémica fenomenológica

María Carrascal y su proyecto EMANA se han convertido en la referencia en enfoque sistémico en Euskadi. Incluso si ampliamos la mirada al conjunto de España, tanto el curso de formación en Coaching Sistemico y Constelaciones Organizacionales como las acciones formativas de carácter puntual en esta materia se sitúan, sin duda, entre las ofertas de mayor calidad. Hay otras propuestas interesantes, pero la que ofrece EMANA tiene unas características difíciles de igualar, presentando un profesorado plural que recoge los profesionales más destacados de Europa y Latinoamérica.

Precisamente, EMANA ha traído estos días a Bilbao a Anton de Kroon, a quién ya escuché hace un par de años. Vuelve hora con un nuevo libro bajo el brazo, "The surprising approach of systemic consulting", del que es coautor con Siebke Kaat (la edición en inglés está en e-book adquirible en esta página). En aquella primera ocasión ya me dejó una magnífica impresión y no he querido perder la oportunidad de escucharle de nuevo.

Anton de Kroon se sitúa en el grupo de profesionales que utilizan el enfoque sistémico para entender lo que ocurre en las organizaciones sin necesidad de utilizar las constelaciones organizacionales. No tiene problema en realizarlas pero no reduce la perspectiva sistémica a esta metodología. No puedo negar que sintonizo plenamente con este planteamiento.

Su nuevo libro es una magnífica sistematización de los elementos básicos de la consultoría sistémica, más específicamente sistémica fenomenológica, como le gusta definirla. Parte de una breve descripción de las características de los sistemas para pasar a hacer explícitas las referencias teóricas de las que se nutre este enfoque: desde el planteamiento propiamente sistémico del físico Fritjof Capra, a las constelaciones familiares de Hellinger, pasando por la Gestalt, Virginia Satir, la fenomenología de Husserl, la terapia familiar sistémica o la teoría U y las aportaciones de Peter Senge.

Una parte central del libro la dedica a describir las que denomina las cinco necesidades fundamentales de los sistemas. Una forma que me parece mucho más adecuada para denominar lo que otros autores han venido llamando "principios sistémicos", generando confusión con los principios de los sistemas analizados por la teoría general de sistemas. Estas cinco necesidades son:

  • El origen del sistema ha de ser identificado como el punto de partida.
  • El reconocimiento de la historia del sistema es la base del presente.
  • Todos los que pertenecen al sistema tienen derecho ha ser considerados parte de él.
  • Cada parte del sistema ha de ocupar el lugar que le corresponde.
  • Ha de haber un balance legítimo entre tomar y dar.
Cuando alguna de estas necesidades no es satisfecha se generan distorsiones en el sistema para equilibrar esa carencia. La exploración de la forma en que esas necesidades son satisfechas en una organización concreta, constituye la base de una entrevista sistémica. Nada nuevo en el pensamiento sistémico pero expresado de una forma clara y concisa.

La segunda parte del libro se adentra en las características de la consultoría y el coaching sistémico, pero no he tenido tiempo de leerla, así que lo dejo para otro post.

domingo, 29 de junio de 2014

Equipos y sistemas

El fin de semana pasado cerramos la segunda edición del programa de Coaching de Equipos organizado por EMANA. Ayer cerramos el de Constelaciones Organizacionales y Coaching Sistémico. En ambos casos he disfrutado aprendiendo, aunque mi lugar no fuera el de alumno. La relación con procesos de aprendizaje me nutre enormemente y me aporta sabia nueva y fresca para aportar en los procesos en que acompaño a mis clientes. Puede parecer poco adecuado que lo diga yo, pero son dos cursos de un gran nivel. Después del verano saldrán las fechas de las nuevas ediciones y os los recomiendo, no os defraudarán si os interesa profundizar en las dinámicas de los equipos y las formas de intervenir en ellos.

Aparentemente pueden ser vistos como temas diferentes pero están profundamente relacionados. Entender el funcionamiento de un equipo pasa, desde mi forma de verlo, por entender la dinámica sistémica que subyace y para ello, la herramienta de las constelaciones organizacionales es muy potente. En el curso de coaching de equipos se aborda la aproximación sistémica a los equipos pero no se profundiza en la herramienta de las constelaciones, es este segundo curso el que da una formación única en el manejo de las constelaciones organizacionales, con un profesorado internacional que no puede encontrarse en ninguna otra oferta formativa.

Este último módulo lo impartió Guillermo Echegaray, navarro afincado recientemente en Uruguay. Desarrolló el enfoque de las constelaciones sistémicas estructurales, que plantea la existencia de una serie de estructuras sistémicas básicas que subyacen en las organizaciones y forman una singular gramática que permite comprender más eficazmente las representaciones espaciales que las constelaciones organizaciones plantean.

Especialmente interesante es la estructura de polaridades de creencias que plantea un triángulo formado, de un lado por el conocimiento (al que también se asocia la lógica, la comprensión y el equilibrio), de otro la relación (la confianza, la empatía, la conexión) y finalmente la acción (la separación, el orden, la organización, la estructura). Los tres elementos pueden entenderse como fuentes de recursos ilimitadas para cualquier sistema.

Colocados estos tres elementos en el espacio, formando un triángulo, generan un espacio en el que puede plantearse qué lugar ocupa un determinado equipo, una organización, incluso una persona individual ¿de que fuentes bebe? ¿cuál de ellas se encuentra bloqueada? Esta reflexión puede contribuir a identificar hacia dónde ha de liderarse el cambio que el equipo o la organización necesita.

sábado, 17 de mayo de 2014

Los castells, el equilibrio y los equipos en las organizaciones

Por una de esas casualidades de la vida, estaba en Tarragona para presentar un taller en torno a los equipos de alto rendimiento cuando, dando un paseo, me encontré con un espectáculo de “castells”. Esas torres humanas que pueden llegar a tener nueve pisos y que se realizan partiendo de un diferente número de personas en cada nivel. Incluso en uno de los formatos se construye una “columna” con una sola persona sobre otra en cuatro niveles.

No lo había visto en directo y me resultó bastante espectacular. Viéndolo me fueron surgiendo algunas reflexiones y analogías con los equipos de trabajo que comparto.

Equilibrio desde el desequilibrio.
La primera mirada al Castell sugiere un alto grado de equilibrio. Son muchos pisos, mucha altura y resulta evidente que si se desequilibran los participantes, o alguno de ellos, aquello puede irse al suelo. Sin embargo, al mirarlo con más detalle puedes observar que cada participante está continuamente haciendo pequeños movimientos para mantener el equilibrio. Es más, no parece estar en equilibrio en ningún momento, sino que el equilibrio lo consigue reequilibrándose permanentemente. Me pareció una buena metáfora de cómo el equilibrio como absoluto no deja de ser una ficción. El equilibrio, en las personas o en los equipos, es producto de un permanente desequilibrio ante el que adoptamos pequeños cambios que nos reequilibran unos segundos antes del siguiente desequilibrio.

La organización como equipo de equipos interconectados.
Para realizar el castell hacen falta muchas personas: bastantes que apoyan en la base y luego los que van formando cada piso, además de quienes dan un apoyo más logístico e incluso los que interpretan la música popular que sirve de acompañamiento. Todos ellos contribuyen al objetivo común de lograr poner en pié el Castell, igual que en una organización podemos hablar de todos sus componentes como el equipo que trata de lograr la misión de la organización.

Pero, de nuevo, al mirar más de cerca, vemos que ese esfuerzo colectivo va tomando forma en equipos más pequeños, equipos que tienen tareas propias y específicas que les dan sentido: sujetar a uno de los pilares, equilibrarse mutuamente para dar solidez a uno de los pisos,.. Incluso es muy interesante ver como una misma persona contribuye desde equipos distintos; así es parte del equipo que mantiene uno de los niveles pero, en un determinado momento, hace equipo con quién tiene que subir para colocarse sobre él o bajar una vez terminado el castell.

Son estos equipos más pequeños donde se produce el alto rendimiento que posibilita a la organización el logro de sus objetivos. El equipo grande nos puede dar sentido de pertenencia, incluso sentido de contribuir a algo más grande. Pero el equipo como unidad operativa eficaz ha de ser necesariamente de un tamaño reducido. Por otra parte, lo que la organización sí necesita es una enorme habilidad para generar la necesaria interconexión entre los equipos, tal y como ocurre en los castells. Una interconexión que tiene que ver con dotarse de una estructura organizativa adecuada y con la existencia de líneas de trabajo compartido entre las personas de los diferentes equipos.

Os dejo este bonito video en el que se recoge un concurso de Castells:


La foto la tomé yo mismo con el móvil